miércoles, 21 de octubre de 2009
martes, 20 de octubre de 2009
Que tu instinto juvenil... ¡No caiga!
La participación de los jóvenes en la política ha ido disminuyendo paulatinamente, se habla de falta de interés de parte de los jóvenes, de apatía, de indiferencia, lo que nosotros creemos es que nuestras generaciones sufren una falta de identificación con la política, motivada por actos de corrupción, violencia injustificada y otros problemas que se adjunta la adolescencia en estos tiempos donde ser joven es casi un estigma.

En el año 1970 los jóvenes de 18 a 21 años votaron por primera vez y tuvieron un peso importante en los resultados, en los que salió elegido Salvador Allende. Comúnmente vinculados a la fuerza liberadora y rebeldía, eran en aquellos años partícipes indiscutidos de la actividad política en partidos y organizaciones sociales. Con el golpe militar, fueron los jóvenes la población más golpeada por la dictadura. El 62% de víctimas reconocidas oficialmente entre muertos y desaparecidos tenían entre 16 y 30 años.
Posteriormente, en el periodo del plebiscito del NO y las elecciones presidenciales de 1989, el voto de los jóvenes volvió a ser significativo, ya que se jugaba en ello un cambio de país, que involucraba desde aspectos pequeños hasta aspectos de la vida personal. En esa época se jugaba la libertad individual y social.
Pero hoy día ¿qué esta en juego? Nos encontramos como una sociedad en la cual no existen proyectos muy distintos, la oferta de los partidos y de la sociedad es casi idéntica. Sin cambios de magnitudes que impliquen revoluciones o proyectos ideológicos distintos. Si sumamos además las actos de corrupción que cada vez se hacen más presentes en la política, cuando se muestran grabaciones a la cámara de senadores y se observa un grupo de señores que no presentan ni el menor grado de interés en debatir el futuro del país, ¿Qué otra reacción pueden ocasionar en los jóvenes? . La falta de transparencia para enfrentar los temas, las caretas que crea la sociedad para disfrazar las realidades; terminan alejando cada vez más a los jóvenes de la política.
Cerca del 80% de los jóvenes que podrían participar en las elecciones, por algún motivo no lo hace. En otras palabras, más de 2 millones y medio de personas voluntariamente ha decidido no votar, pudiendo hacerlo.
Para hacerse una idea, de haber participado los jóvenes en las elecciones presidenciales que se han efectuado desde el año 89 a la fecha, los resultados en todos los casos podrían haber variado radicalmente, es decir los jóvenes podrían haber escrito una historia totalmente distinta.
Lo cierto es, que desde un tiempo a la fecha, los jóvenes han debido enfrentarse a nuevos problemas, que antes en pasadas generaciones, no resultaban una preocupación. Entre estos problemas encontramos la discriminación (ya sea por aspecto social, económico u otro), el deber de afrontar su sexualidad, el autocontrol si se encuentran con la droga, y tener que prepararse para un sistema que resulta cada vez más competitivo y egoísta. Por eso no resulta sorprendente que la respuesta de los jóvenes sea “no estoy ni ahí”, cuando se les pregunte sobre política. Frase que no tiene un sólo significado, pero si representa el descontento y rechazo con la sociedad.
El interés principal de los jóvenes se centra en su futuro, en ser un profesional, obtener un título, o “ser alguien en esta vida”, para entonces incluirse en el sistema y así no quedar aislado.
En orden siguiente, la preocupación de los jóvenes se centran en sus problemas; sociales, familiares, sexuales, que poseen un mayor grado de veracidad y cercanía. Al contrario de la política, de la cual se sienten totalmente enajenados.
Los actuales políticos se mueven dentro de un círculo que permite su permanencia, sin dar lugar a la participación de los jóvenes. De esta forma la juventud queda renegada, y al no ser un posible elector para los plebiscitos, no son tomados en cuenta y su voz no es considerada, asi cada vez los temas de interés de la política no incluyen a los jóvenes, quienes terminan respondiendo con su indiferencia y desínteres.

Podríamos relacionar la actitud de los jóvenes como un mecanismo de evasión para no hacerse cargo de sus responsabilidades, cayendo asi en la conformidad automática, donde los jóvenes aceptan pasivamente el papel que la sociedad le ha asignado, desprendiéndose de si mismos. Pero la verdad no nos conformamos con decir que los jóvenes han aceptado sumisamente, olvidando su propia opinión. De ser asi, es momento de sacarse los lentes que la sociedad nos ha puesto y mirar con nuestros propios ojos.
Como se mencionó anteriormente, ser joven hoy es casi un estigma. Sin embargo, la solución está en manos de los jóvenes, ya que cuando así lo han decidido, han liderado los cambios sociales. Y en este mundo adverso hay que esperar que esta rebeldía surja de sus propios mundos. Como jóvenes no podemos permitir que las decisiones que nos involucran a todos sean tomadas por otros, si aquello nos parece injusto debemos levantar nuestras voces y hacernos partícipes y provocar el cambio. De nosotros depende.
Si pensamos bien, tenemos una gran responsabilidad con nuestro país, ya que nosotros en algunos años más seremos los que lideraremos, los que impondremos nuestros ideales por un mundo mejor y es por esto que necesitamos hacer algo al respecto, quizás no nos guste la política con la cual se maneja nuestro país hoy en día, pero somos nosotros, los jóvenes, que tenemos la misión y esperanza de poder cambiar el sistema en el cual vivimos, podemos empezar a levantar nuestras voces y que de una vez por todas sea escuchada, que no se nos desprecie por el sólo hecho de no tener la edad suficiente para poder decidir; porque nosotros los jóvenes queremos un mundo mejor; un país sin corrupción, un país en el cual los beneficios sean para todos y no solo para algunos… El cambio está en nuestras manos.
No ocultemos nuestra voz, merece ser escuchada.

En el año 1970 los jóvenes de 18 a 21 años votaron por primera vez y tuvieron un peso importante en los resultados, en los que salió elegido Salvador Allende. Comúnmente vinculados a la fuerza liberadora y rebeldía, eran en aquellos años partícipes indiscutidos de la actividad política en partidos y organizaciones sociales. Con el golpe militar, fueron los jóvenes la población más golpeada por la dictadura. El 62% de víctimas reconocidas oficialmente entre muertos y desaparecidos tenían entre 16 y 30 años.
Posteriormente, en el periodo del plebiscito del NO y las elecciones presidenciales de 1989, el voto de los jóvenes volvió a ser significativo, ya que se jugaba en ello un cambio de país, que involucraba desde aspectos pequeños hasta aspectos de la vida personal. En esa época se jugaba la libertad individual y social.
Pero hoy día ¿qué esta en juego? Nos encontramos como una sociedad en la cual no existen proyectos muy distintos, la oferta de los partidos y de la sociedad es casi idéntica. Sin cambios de magnitudes que impliquen revoluciones o proyectos ideológicos distintos. Si sumamos además las actos de corrupción que cada vez se hacen más presentes en la política, cuando se muestran grabaciones a la cámara de senadores y se observa un grupo de señores que no presentan ni el menor grado de interés en debatir el futuro del país, ¿Qué otra reacción pueden ocasionar en los jóvenes? . La falta de transparencia para enfrentar los temas, las caretas que crea la sociedad para disfrazar las realidades; terminan alejando cada vez más a los jóvenes de la política.
Cerca del 80% de los jóvenes que podrían participar en las elecciones, por algún motivo no lo hace. En otras palabras, más de 2 millones y medio de personas voluntariamente ha decidido no votar, pudiendo hacerlo.
Para hacerse una idea, de haber participado los jóvenes en las elecciones presidenciales que se han efectuado desde el año 89 a la fecha, los resultados en todos los casos podrían haber variado radicalmente, es decir los jóvenes podrían haber escrito una historia totalmente distinta.
Lo cierto es, que desde un tiempo a la fecha, los jóvenes han debido enfrentarse a nuevos problemas, que antes en pasadas generaciones, no resultaban una preocupación. Entre estos problemas encontramos la discriminación (ya sea por aspecto social, económico u otro), el deber de afrontar su sexualidad, el autocontrol si se encuentran con la droga, y tener que prepararse para un sistema que resulta cada vez más competitivo y egoísta. Por eso no resulta sorprendente que la respuesta de los jóvenes sea “no estoy ni ahí”, cuando se les pregunte sobre política. Frase que no tiene un sólo significado, pero si representa el descontento y rechazo con la sociedad.
El interés principal de los jóvenes se centra en su futuro, en ser un profesional, obtener un título, o “ser alguien en esta vida”, para entonces incluirse en el sistema y así no quedar aislado.
En orden siguiente, la preocupación de los jóvenes se centran en sus problemas; sociales, familiares, sexuales, que poseen un mayor grado de veracidad y cercanía. Al contrario de la política, de la cual se sienten totalmente enajenados.
Los actuales políticos se mueven dentro de un círculo que permite su permanencia, sin dar lugar a la participación de los jóvenes. De esta forma la juventud queda renegada, y al no ser un posible elector para los plebiscitos, no son tomados en cuenta y su voz no es considerada, asi cada vez los temas de interés de la política no incluyen a los jóvenes, quienes terminan respondiendo con su indiferencia y desínteres.

Podríamos relacionar la actitud de los jóvenes como un mecanismo de evasión para no hacerse cargo de sus responsabilidades, cayendo asi en la conformidad automática, donde los jóvenes aceptan pasivamente el papel que la sociedad le ha asignado, desprendiéndose de si mismos. Pero la verdad no nos conformamos con decir que los jóvenes han aceptado sumisamente, olvidando su propia opinión. De ser asi, es momento de sacarse los lentes que la sociedad nos ha puesto y mirar con nuestros propios ojos.
Como se mencionó anteriormente, ser joven hoy es casi un estigma. Sin embargo, la solución está en manos de los jóvenes, ya que cuando así lo han decidido, han liderado los cambios sociales. Y en este mundo adverso hay que esperar que esta rebeldía surja de sus propios mundos. Como jóvenes no podemos permitir que las decisiones que nos involucran a todos sean tomadas por otros, si aquello nos parece injusto debemos levantar nuestras voces y hacernos partícipes y provocar el cambio. De nosotros depende.
Si pensamos bien, tenemos una gran responsabilidad con nuestro país, ya que nosotros en algunos años más seremos los que lideraremos, los que impondremos nuestros ideales por un mundo mejor y es por esto que necesitamos hacer algo al respecto, quizás no nos guste la política con la cual se maneja nuestro país hoy en día, pero somos nosotros, los jóvenes, que tenemos la misión y esperanza de poder cambiar el sistema en el cual vivimos, podemos empezar a levantar nuestras voces y que de una vez por todas sea escuchada, que no se nos desprecie por el sólo hecho de no tener la edad suficiente para poder decidir; porque nosotros los jóvenes queremos un mundo mejor; un país sin corrupción, un país en el cual los beneficios sean para todos y no solo para algunos… El cambio está en nuestras manos.
No ocultemos nuestra voz, merece ser escuchada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
